Trabajando sobre el terreno

Labores previas

Una preparación concienzuda del terreno puede incluir labores previas que supongan remover las capas superiores de tierra para mejorar y acolchar la estructura.

  • Si el terreno es amplio y permite la entrada de maquinaria grande y pesada podemos realizar labores de alzado (40 cms) o desfonde (80 cms). Esta labor puede aprovecharse para incorporar las enmiendas que comentaremos posteriormente.
  • Una labor menos agresiva y que no voltea las capas del suelo es el subsolado, indicado para suelos donde no interesa hacer aflorar a superficie capas más profundas con características desfavorables o si interesa romper horizontes cementados que impiden la percolación del agua.

En general, estas labores muy comunes en agricultura, son complicadas de realizar en jardinería, ya que requieren maquinaria de elevada potencia (y tamaño) difícil de operar en pequeños solares. En cualquier caso, habrá que:

  • Realizar una mínima labor de despedregado, destoconado y rastrillado.
  • Y, al menos, realizar una labor superficial con motocultor que descompacte los primeros 30 cm del suelo.

Preparación del terreno

Ya conocemos el esquema de plantación del diseño del xeropaisaje. Conocemos también las especies que vamos a plantar en cada una de las zonas y tenemos un análisis de las características del terreno.

Es más que probable que el suelo disponible no nos satisfaga por muy diversas razones.  Deberemos entonces proceder a mejorarlo introduciendo enmiendas más o menos localizadas que mejoren su estructura.

  • Una opción podría ser la de añadir volumen de sustrato sobre la superficie existente, modificando además la orografía. Levantar un suelo nuevo. Esto, que a veces es inevitable, es por otro parte excesivamente caro debido a la cantidad ingente de materiales que habría que aportar. Tendríamos, además, que atender al drenaje del agua, ya que, aunque la nueva estructura sea muy porosa, la primitiva podría resultar impermeable y ocasionar problemas por asfixias radiculares.
  • Lo más aconsejable suele ser tratar cada nueva zona del jardín de manera independiente. Quizás queramos crear una rocalla de planta crasa en forma de talud para que sea visible desde la vivienda o para proteger del viento una zona estancial. Quizás deseemos plantar cactáceas de gran tamaño o tal vez un olivo o una superficie de romero rastrero. La preparación del suelo será diferente en cada uno de estos casos, especialmente en lo referente a porosidad o drenaje, ya que, por ejemplo, a las plantas suculentas no les favorece un suelo que retenga agua en la superficie mientras que una tapizante necesitará algo más de materiales finos para poder arraigar y cubrir una superficie. En general, el suelo con mejor drenaje tiene muchas ventajas; entre otras, se produce un mejor lavado de las sales hacia horizontes inferiores y se da un mejor intercambio gaseoso en la zona radicular.
  • Si al analizar la estructura del suelo se observa que este tiene muchas dificultades para evacuar el agua se hará imprescindible la construcción de una red de drenajes que ayude a eliminarla. En ese caso debemos practicar unas zanjas cuyo fondo quede por debajo de la zona radicular de nuestras plantas. En estas se alojarán tubos porosos y se rellenarán las zanjas con materiales gruesos. Los tubos se conectan entre sí y con un punto de desagüe. La estructura más habitual de esta estructura es la de “espina de pescado”. Las aguas recogidas por estos canales deberían poder ser reutilizadas, para lo que habrá que construir un aljibe que acoja, además, aguas pluviales provenientes del tejado del edificio o zonas transitables. En otros casos, podrá ser conducida a determinadas zonas de plantación, como se realiza en otras ocasiones con aguas de escorrentía de zonas de cubierta o pavimentadas, para que sea aprovechadas por planta (ver Raingardens) Puesto que, como se verá más adelante, vamos a organizar el jardín en zonas de plantas con diferentes necesidades hídricas, en general, los suelos necesarios para cada una de las zonas serán así mismo, diferentes entre sí pero homogéneos dentro de la misma hidrozona (ver Hidrozonas).

Tipos de enmiendas

Encalado: en suelos excesivamente ácidos algunas plantas muestran carencias y tienen dificultades para desarrollarse. Se hace necesaria la aportación de cal. Puede enmendarse con óxido de calcio, carbonato cálcico o dolomita entre otras formulaciones.

Enarenado: básicamente, para mejorar un suelo pesado, hay que añadir materiales de una granulometría mayor. La arena de rio o sílice serían una enmienda adecuada para que un suelo con mucha proporción de arcilla tenga mejor capacidad de percolación.

En caso de encontrarnos un sustrato excesivamente arenoso y que, por tanto, no retendrá humedad para mantener una mínima vida microbiana será necesario aumentar su capacidad de retención con aportes de arcillas.

Consiste en aportar materiales orgánicos descompuestos para favorecer la vida microbiana y/o la retención de humedad. Se suelen introducir en la tierra cantidades variables de mantillo o compost y/o de turbas.

Las enmiendas de las que hemos hablado son las comúnmente empleadas para mejorar la estructura de jardines convencionales, destinados a mejorar propiedades físicas (drenaje por ejemplo) y químicas (pH, fertilidad) de sus suelos de cultivo. En estos casos, se suelen precisar suelos similares a los de un bosque. Esto es, ricos en nutrientes y con relativa retención de agua.

En los jardines xéricos vamos a necesitar que el agua permanezca el menor tiempo posible en las capas superiores, ya que la mayoría de las plantas que vamos a plantar han desarrollado estrategias para sobrevivir con poca humedad y, además, en muchos casos, esta les puede perjudicar. La mayoría de las plantas con coeficientes bajos de evapotranspiración son sensibles al encharcamiento. Lo más conveniente, casi siempre, va a ser realizar enmiendas que contribuyan a desalojar cualquier exceso de humedad que se pueda dar. Por lo tanto, hablaremos casi siempre de enmiendas de arenas de río o sílice y gravas finas. Además, aunque todas las plantas necesitan nutrientes para crecer, las especies que se suelen emplear en Xeropaisajismo® se adaptan en general a suelos pobres.

En algunos casos muy extremos, se recomienda, además de la construcción de canales de drenaje, el empleo de capas superpuestas de materiales muy gruesos del tipo de cascotes de obra o cantos y piedras de calibres grandes formando promontorios para que toda el agua escurra, percole o se seque por acción del viento. Sobre estas capas se iría creando un suelo con algo más de finos para sustentar las plantas. Estas, por sus características, tenderán a desarrollar áreas radiculares amplias.