RIEGO – CÁLCULO DE LA DEMANDA HÍDRICA.

Una vez agrupadas las plantas, necesitamos conocer el consumo de agua que va a tener cada una de estas zonas. Este consumo se calcula a través de una fórmula matemática. Queremos saber cuánta agua debemos aportar a cada metro cuadrado de cada hidrozona. Sabemos que el agua se va a infiltrar en el suelo o se va a desplazar por escorrentía, se va a evaporar directamente
por acción de la radiación solar y una parte va a ser absorbida por las raíces y devuelta a la atmósfera de nuevo por transpiración a través de los estomas de cada una de las plantas.

La evapotranspiración (suma de transpiración y evaporación directa) no va a ser constante. Dependerá a su vez del microclima de cada punto del jardín. Es obvio que no necesitará el mismo volumen de agua un Teucrium aislado, situado a pleno sol y sin mulching protector que otro protegido con cortezas de pino, plantado en un marco estrecho junto con otros pies y situado en un punto en el que recibe sombra a partir de cierta hora de la tarde.

Estos factores se valoran mediante la introducción de coeficientes que van a corregir el dato de la evapotranspiración (ver Estimating Water Requirements of Landscape Plantings: The Landscape Coefficient de Laurence Costello).

Dichos coeficientes son:

Se trata de un valor estimado para cada especie y que corrige el dato de evapotranspiración de referencia estimada teniendo en cuenta los diversos requerimientos de las especies ornamentales cultivadas, ya que, por poner un ejemplo, no transpira lo mismo un metro cuadrado de césped que un metro cuadrado de alguna especie del genero Sedum. Los valores para cada especie hay que buscarlos en listas elaboradas por alguna institución de la zona, en listas de especies agrícolas similares o en listas de coeficientes creadas en EE.UU.

Dentro de este apartado, cobra una gran importancia la lista WUCOLS elaborada por la Oficina de Eficiencia en el Uso del Agua del California Department of Water Resources (DWR).

El valor de este coeficiente se sitúa en cifras inferiores a 0,1 (necesidades muy bajas); 0,1 a 0,3 (bajas); 0,4 a 0,6 (moderadas) y 0,7 a 0,9 (altas).

Este coeficiente será el que más va a influir en el consumo final.

Elegir especies ornamentales que, en su mayoría, posean bajos coeficientes es prioritario. Es importante reseñar que en la citada clasificación de WUCOLS una misma planta puede presentar diferentes valores en función de la zona climática en la que se encuentre. Si no poseemos datos concretos del país o región en la que nos encontramos, podemos acceder a estas listas y buscar aquella zona climática cuyas características se asemejen a las de nuestra
zona en cuestión. (por ejemplo: Madrid presenta unos valores similares de pluviometría y temperatura similares a los de la localidad californiana de Fresno, que cuenta con multitud de estudios sobre las necesidades de especies xerofíticas).

Esta cifra va a corregir el dato teniendo en cuenta que la evaporación y la transpiración varían con la densidad de plantación, debido fundamentalmente a la variación en el Índice de Área Foliar, el cual hace referencia a la superficie transpirante (hojas) por unidad de superficie de suelo.

El valor asignado puede variar en una horquilla que va del 0,5 de un jardín recién plantado al 1,3 de un jardín establecido con sus tres estratos completos (tapizantes, arbustos y árboles) y se simplifica organizado en tres grupos: bajo (0,5 a 0,9); medio (1,0) y elevada (1,1 a 1,3).

Variará además la evapotranspiración de cada zona del jardín en función de si está protegida o no por edificaciones, de irradiación de calor de una zona próxima de asfalto o de las propias construcciones por el contrario, la zona en cuestión se halla rodeada de más zonas ajardinadas que, lógicamente, harán descender la temperatura.

Sus valores oscilan entre el mínimo de 0,5 para condiciones de menor evaporación y el máximo de 1,4 para las de máxima evaporación.

Sería positivo poder influir también en este coeficiente. Por ejemplo, sabemos que el sol de la tarde de verano actúa como un potente desecador del jardín. Este se pone hacia el oeste-noroeste a diferencia de los meses de invierno en que lo hace más hacia el sur. Colocar una pantalla de árboles o arbustos altos en esta orientación impedirá estas radiaciones tan perjudiciales además de ayudar a frenar los vientos dominantes que suelen provenir también del noroeste y que contribuyen notablemente a la desecación del vergel.

Habrá que valorar algunos casos particulares en los que el aumento de densidad de plantación condiciona a la baja el coeficiente de microclima ya que, si bien es cierto que a mayor superficie foliar, mayor transpiración, también lo es que, si diseñamos bien la arquitectura de las plantas, se producirán sombreos y cortavientos que disminuirán esa transpiración.

Estos tres coeficientes juntos van a definir el que llamamos coeficiente de jardín Kj. Es una adaptación a la jardinería del coeficiente de cultivo o Kc. Esto es así debido a la complejidad de establecer un parámetro unificado en una plantación mixta y “desordenada” de un jardín frente a la homogeneidad de un cultivo agrícola.

Así, diremos que:

𝐾𝑗 = 𝐾𝑒 𝑥 𝐾𝑑 𝑥 𝐾𝑚

Como decíamos, este coeficiente Kj va a modificar el dato de vapotranspiración de referencia, facilitado por la estación meteorológica más próxima y que se mide sobre una superficie de referencia ocupada por pasto, con una altura asumida de 0,12 m, cobertura total del suelo, una resistencia superficial fija de 70 s·m-1 y un albedo de 0,23 (ver AQUÍ).

𝐸𝑇𝑗 = 𝐾𝑗 𝑥 𝐸𝑇𝑜

Nuestras necesidades de riego netas vendrán dadas obteniendo la diferencia entre la cantidad de agua que cae por precipitación y la cantidad de agua que se pierde por evapotranspiración.

Tendremos entonces que:

𝑁𝑛 = 𝐸𝑇𝑗 − 𝑃𝑒

Donde Nn son las Necesidades de riego netas, ETj la Evapotranspiración del jardín y Pe la precipitación efectiva. En la precipitación efectiva se valoran las pérdidas de agua por escorrentías y percolación profunda.

A la hora de aplicar el agua de riego (Necesidades brutas, Nb), se deberá incluir un coeficiente k que refleje la eficiencia en la aplicación, el cual viene dado en porcentaje de agua que las plantas aprovechan respecto del total aplicado y dependerá del sistema empleado para el riego: aspersión, localizado… Este valor oscila entre un 60-70% para sistemas poco eficientes como el riego por aspersión y un 80-90% para los goteros bajo mulching.

Tendremos entonces que:

𝑁_𝑏 = 𝑁𝑛 / 𝑘

Si accedemos a los datos de la estación meteorológica de la zona tendremos el valor de la evapotranspiración de referencia. Tendremos también los datos de la precipitación para cada momento del año. Como poseemos los valores de los diferentes coeficientes que influyen en el resultado de la fórmula, ya podemos conocer la cantidad de agua que debemos aportar a cada hidrozona del jardín. Podemos crear un calendario de riego bastante ajustado sabiendo en todo momento que se trata de una estimación basada en datos históricos.

En la medida en que estos datos sean más precisos, el sistema de riego será más eficiente y el ahorro en el mantenimiento del xeropaisaje será mayor. El resultado obtenido viene dado en milímetros, es decir, litros por metro cuadrado. A partir de este dato vamos a comenzar a diseñar nuestro sistema de riego localizado.